IDENTIDAD

La identidad de una institución no se define únicamente por su forma jurídica o su actividad, sino por los principios desde los que comprende la historia, la memoria y la responsabilidad que asume ante el legado recibido


La identidad de la Orden de los Caballeros Custodios de Calatrava la Vieja se articula en torno a una idea central: la custodia de la memoria como responsabilidad moral. Custodiar no es conservar por inercia ni reproducir el pasado de forma acrítica, sino asumir el deber de proteger, comprender y transmitir un legado histórico con fidelidad, rigor y respeto.


La memoria, entendida desde esta perspectiva, no es una evocación nostálgica ni un relato selectivo. Es una tarea exigente que obliga a situar cada acontecimiento en su contexto, a reconocer la complejidad de la historia y a evitar tanto el olvido como la simplificación. La custodia auténtica exige estudio, discernimiento y una voluntad constante de verdad.


Esta identidad se fundamenta en la conciencia de un legado histórico de gran profundidad, vinculado a la tradición de la Orden de Calatrava, cuyo origen se sitúa en el enclave de Calatrava la Vieja. Dicho enclave constituye el punto fundacional desde el cual se desarrolló una tradición histórica, espiritual y cultural que trascendió su espacio inicial y dejó una huella duradera en la historia de España.


Asumir este legado no implica apropiación ni continuidad institucional, sino responsabilidad cultural. La identidad de la Orden se define por su voluntad de custodiar ese legado en su integridad, atendiendo a sus dimensiones históricas, espirituales, simbólicas y patrimoniales, y reconociendo que toda tradición auténtica contiene luces y sombras que deben ser abordadas con honestidad intelectual.


La custodia, en este sentido, no se limita a bienes materiales o documentos históricos. Incluye también valores, principios y formas de comprensión del deber, del servicio y de la comunidad. La identidad de la Orden se asienta sobre una visión integral de la tradición, entendida como herencia viva que interpela al presente y exige responsabilidad en su transmisión.


Inspirada por los principios del humanismo cristiano, esta identidad afirma la dignidad intrínseca de toda persona como eje de cualquier acción cultural. Reconoce en la familia el primer espacio de transmisión de la memoria y de los valores humanos, y concibe la patria como comunidad histórica compartida, a cuyo bien común se orienta el servicio, la responsabilidad cívica y el compromiso ético.


La sobriedad, el rigor y la coherencia constituyen rasgos esenciales de esta identidad. La Orden rechaza la exaltación, la instrumentalización del pasado y el protagonismo innecesario, optando por una aproximación reflexiva, respetuosa y exigente a la historia y a la memoria que custodia.


Desde esta identidad, la custodia se entiende como una forma de servicio silencioso y constante. Un servicio que no busca reconocimiento, sino fidelidad; que no concede privilegios, sino que asume deberes; y que concibe la memoria como un bien común que solo conserva su sentido cuando se transforma en conciencia y responsabilidad compartida.


Esta es la identidad desde la que la Orden proyecta su acción cultural, institucional y honorífica, convencida de que solo una memoria custodiada con rigor puede contribuir a una relación madura con la historia y a una comprensión más profunda de la comunidad a la que se pertenece.